A un día del Poderoso Retiro para Damas: Despierta, Levántate y Marcha con la Pastora Mayra Castillo y 108 Mujeres Guerreras.   

La primera noche del Retiro la Pastora Judith Capetillo predicó sobre la historia bíblica de la serpiente (Satanás) y la mujer (Eva). Y habló de cómo el aborto era uno de las mejores armas de Satanás para deteriorar el alma de la mujer¹.  Mi esposo y yo, engendramos un bebé hacen seis años atrás, cuando no estábamos aun casados. En ese momento pensé que el tener ese bebé desgraciaría mi vida y convencí a Edward de que lo abortáramos. Al año de ocurrido esto nos casamos. El tema de ese niño siempre fue de mucho dolor para nosotros hasta que decidimos un día no volver a hablar del tema.  Hacen poco más de dos años decidimos tener nuestros hijos. Todos los meces Edward le hablaba al “supuesto bebé” por varias semanas, hasta que se aparecía la manchita roja.  Sentíamos profunda tristeza… pero mes tras mes lo volvíamos a intentar. 

¹La pastora Capetillo hizo referencia al libro: La Mujer, El Sello de la Creación del Pastor Rey F. Matos 

Hace un año y medio nos reconciliamos con el Señor. Desde entonces nos han profetizado que tendremos hijos (más de uno) y que yo sería como Ana. En una viaje a Guatemala y Panamá en el mes de junio pasado, nos profetizaron lo de los hijos nuevamente, pero un poco más allá. Nos profetizaron de lo poderoso que serán para el Señor y como serán reconocidos sus nombres en las naciones. “Se separarán de ti y los perderás, se irán al mundo, pero no como los del mundo… sino como Jesús que se fue a ganar vidas”. En ese mismo viaje otras dos personas nos dijeron que veían en nosotros tres cuerdas de oro, que se entretejían: Dios, Edward y yo.

En el Retiro se me entregó un cartapacio con unos papeles. En cada cartapacio había una tarjeta con un pasaje bíblico distinto. El mío dice; Dios lo hará todo de nuevo “El Señor se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos como en los días de fiesta. Sofonías 3:17. Mientras las demás damas danzaban la música para el Señor, y muy a pesar de lo mucho que me gusta la música, yo me negué a hacer lo mismo. Si lo hacía, decía yo, no lo haría para agradar a Dios sino a mi misma. Sin embargo Dios me había mandado a danzar desde el momento que recibí la tarjeta aquella. Luego de un mensaje profético la Pastora y Profeta Sandra González llamó a varias damas para que danzaran al frente al ritmo de Regetón Cristiano. Que chévere todo… hasta que me señaló y me paró, para que ¡YO! danzara y en público. A pesar de que me resistí al principio me paré al frente. Lloré cuando empecé a danzar pero sentí una liberación tan grande que me llenó de gozo hacerlo en cada canción que pusieron en la “Fiesta del Señor”.   

“Se acabó la sequedad, en ti pongo fertilidad. Yo soy tu esposo, yo soy el dueño de tu hogar” me profetizó Orlando Vega. Al escucharlo caí al suelo quebrantada en llantos y mi cuerpo se encorvó hasta tomar posición fetal. 

Me cuestionaba este fin de semana por qué cada vez que Dios me quebrantaba me hacía caer en posición fetal. En una oportunidad que tuve para ir al cuarto le conté a mis dos amigas (Awilda y Noris) un sueño que tuve hace algunos meces atrás. En este sueño caminaba en el borde de una muralla alta. Al final de esta muralla los bloques se caían. Caigo de esta muralla a un valle verde, precioso, pero muy empinado. Al caer sentí miedo y metí las manos en la tierra, traté desesperadamente de escalar pero no pude.  Agarré una roca…  me aferré tanto y tanto a esa roca. Alguien me gritaban en el sueño “Dámaris te tienes que soltar, déjate caer, déjate caer.” Sabía que me tenía que soltar, pero el miedo no me lo permitía. Lloraba y lloraba, y mi cuerpo se encorvaba más y más, hasta tomar la posición de un feto. Esa mañana desperté ahogada en llantos. El no completar el sueño y contestarme si me hubiese podido soltar o no, me llenó de dolor y desespero.  Dios me dio la interpretación del sueño esa misma noche. Me dijo que tenía que soltar las riendas de mi hogar. Tenía que someterme a mi esposo y dejar que él fuese la cabeza del hogar. A pesar de lo duro que se me hizo aceptarlo, empecé a trabajar en ello.  

***

El último día del Retiro me volvía a casar… y mientras esperaba, vino a mi mente mi boda con Edward. Recordaba cuanto había llorado de felicidad por lo del matrimonio y cuanto lloraba, a la vez, por la  tristeza al ver a mi mamá con un sombrero cubriendo su cabeza… que no tenía pelo a causa de su tratamiento de cáncer. Y en esa espera Dios me dijo; “Esta no es la boda que tu tuviste con Edward, esta boda es diferente porque te vas a casar conmigo”. Literalmente me casé con Él. 

*** En el último almuerzo la Pastora Mayra Castillo compartió un testimonio de una mujer a quien Dios la llevó, en el proceso de sanidad, por su vida desde que era un feto en el vientre de su mamá. Me señaló a la mujer a lo lejos y comencé a llorar.   

*** Se terminó el retiro. Mi esposo y los esposos de Awilda y Noris, nos fueron a recoger al retiro y nos sorprendieron con ramos de flores. Fue un momento precioso. Las damas que allí quedaban nos rodearon en oración. Las guerreras  nos ministraron y dieron palabra profética para cada matrimonio. Mientras se ministraba por mi matrimonio, Dios hablaba a mi corazón diciéndome; “Dos esposos tienes, uno en el cielo y otro en la tierra.”  

*** Antes de partir del lugar vi a la mujer a quien la Pastora Mayra Castillo me había señalado en el almuerzo. Le pregunté que si era ella la del testimonio del feto. Me dijo; “Cada vez que Dios te pone en forma fetal es por que te esta cambiando de nivel. Un nuevo nacimiento”. Le conté brevemente lo del sueño y me dijo; “¡Tú eras! Estos días en el retiro sentía dolor en mis entrañas y era por ti”. Comenzó a profetizar sobre mi vientre diciéndome; “En ti hay multitudes”.   A través de ella Dios me dio instrucciones de que leyera Proverbios 18 y 19 completo y que diera siete (7) vueltas alrededor de mi cama. Como en Dios no hay casualidades, le conté que la semana anterior reorganizando mi habitación, por primera vez había puesto la cama en el medio del cuarto. 

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Casi llegando a nuestro hogar Dios nos regaló un atardecer precioso, uno que jamás  había contemplado. Al lado izquierdo las nubes estaban pintadas de diferentes tonalidades de lila. Y al lado derecho se veía a lo lejos un lago de fuego con montañas y cascadas de fuego.  Fue impresionantemente hermoso. 

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Preparé el cuarto. Le puse una sabana azul a la cama. Coloque la lámpara que me entregaron en el retiro sobre el tocador. Le pedí a Edward que se arrodillara en la sala a orar mientras yo oraba en el cuarto. Amarré el ramo de tres cintas, que Dios me entregó como pacto de mi boda con Él, a mi sortija de matrimonio.  Y mientras oraba vi en mi espíritu que las tres cintas del ramo se convertían en las tres cuerdas de oro de las que me habían hablado en Guatemala.  

Sentados en la cama leímos Proverbios 18 y 19 hasta terminar. Más me tocaron los versículos de Proverbios 18:20-22. Los repetí varias veces hasta que entendí lo que Dios me decía. Callé y esperé que mi esposo hablara. Cuando pensé que me hablaría de cosas románticas… Te Amo, Besos, Besos y que se yo, me comenzó a hablar de los propósitos de Dios para nuestro matrimonio y nuestros hijos. ¿Y ahora qué? pensé. Nos agarramos de las manos y empezamos a caminar y a declarar, uno al lado del otro… siete vueltas alrededor de la cama.  

Nos acostamos. Edward colocó la Biblia entre medio de ambos y me dijo con lágrimas en sus ojos, lágrimas que cayeron dentro de los míos; “Ante la Biblia, yo te acepto como mi esposa y prometo amarte, cuidarte y protegerte hasta el final de mis días”. Yo hice lo mismo. Créanme que esta boda fue mucho más preciosa que la primera. Me acerque a su oído y le dije; “Me amarás más que nunca pues hoy vas a hacerle el amor a la esposa de Dios”.  Fue un momento precioso, donde el placer quedó a un lado, para infundirnos con Dios.

Continuará…

Testimonio II Disponible desde 1 de enero de 2007

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