Busqué los resultados del laboratorio de una prueba de conteo que se hizo Edward hace una semana atrás. No pude contener la risa de pensar cómo lo que Dios habría de hacer iba a desmentir lo que decía ese papel. En un rango de 60,000,000 a 150,000,000 de espermatozoides… sólo habían ceros (0). ¡Cero! ¡Nada! ¡La ciencia dice que no hay posibilidad! Más Dios me reveló lo que realmente me quería decir a través de la palabra en Proverbios 18:20-22 ¡Mi hijo no será engendrado por el semen de mi esposo, (como cosa física o cienífica) sino por lo que con su boca declare!    

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Vino a mi memoria todas las veces que Edward en cada intento de procrear, ponía su cabeza en mi vientre y repetía la misma oración; “Jehová que esta semilla sea buena y que la reciba esta tierra fértil”.

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 Llevamos a mi Doctor los resultados de las pruebas de fertilidad que nos mando a hacer. ¡Una tarde de victoria! Mientras Satanás esperaba ver un ataque de llanto o una crisis… en nosotros lo que había era una sonrisa de “oreja a oreja”.

“Aquí está la causa. Por él es que no han podido tener hijos” dijo el Doctor.  “Yo sé que es una noticia muy fuerte. Pero en su semen no hay espermatozoides vivos, se encontraron muy pocos y están muertos. Tendrás que ir a un urólogo, pero no a cualquiera… tendrás que ir dónde un especialista que le interese trabajar con tu problema.” “¿Entonces es científicamente imposible que yo quede embarazada? le pregunté” “Si… es científicamente imposible”

¡WOW! Era justo lo que queríamos escuchar por que el nombre de Dios fue glorificado aún más. “Dios no se mete en estas cosas” me dijo.  Y con cara de incredulidad me entregó la orden médica para que me hiciera la prueba de embarazo que le pedí. 

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Yo sé que es lo que Dios hará, aunque no sepa cómo lo hará. Y sé que tendremos un milagro. Dónde no hay vida, Dios creará un feto que cargaré en mi vientre por nueve meces. Que lo que Dios prometió se cumplirá, un nacimiento, un testimonio, un fruto que ganará multitudes para el Reino de Dios.

Proverbios 18:20-22 (Reina-Valera 1960)

 20 Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre;
 Se saciará del producto de sus labios.  
 21 La muerte y la vida están en poder de la lengua,
 Y el que la ama comerá de sus frutos.
 22 El que halla esposa halla el bien,
 Y alcanza la benevolencia
¹ de Jehová.  (Énfasis añadido)

¹Ayuda sobrenatural y don otorgado por Dios al hombre para el logro de la bienaventuranza: la gracia de Dios con vosotros.

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Llegue a casa luego del trabajo y Edward me estaba esperando en el sofá. Me hizo la pregunta que ya había sido puesta en mi corazón… “¿Cómo es que  si las pruebas (de conteo) dicen que yo no puedo tener hijos, saliste embarazada aquella vez?” (Refiriéndose a la vez del aborto) “Yo estoy dispuesto a perdonarte y olvidar, pero por favor Dámaris, dime la verdad.”  Ciertamente yo sabía que esto vendría,  no solamente de parte de él, sino de mucha gente que lo más seguro nos hará la misma pregunta. Aquí es cuando la confianza entre las parejas se pone a prueba… y le contesté “La explicación de lo que está pasando proviene de la palabra misma… La paga del pecado es muerte”. (Romanos 6:22-23) 

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Fui al laboratorio y me hice la prueba de embarazo. Sentí una gran ansiedad en esos momentos. Pero… para mi sorpresa la prueba salió negativo. No estaba preparada para ese momento o más bien para esa noticia, más… ¡yo sé en quien he creído! No desistí de la idea de estar embarazada y esperé a que llegara la fecha para mi menstruación, y efectivamente no estoy embarazada, aún.   No puedo negar que sentí como si el mundo se me quisiera caer encima, no entendí nada de lo que nos estaba pasando.

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A las 3:00 de la mañana despierto a causa de un dolor de menstruación que nunca antes había experimentado. El dolor era tan fuerte que sentía como se me estuviesen (literalmente) desbaratando por dentro. Sentía un deseo terrible de llorar y no me salía ni una sola lágrima.  En medio de tanta confusión y desespero, me levanté de la cama, fui a la sala y comencé a leer la Biblia en el libro de Job. Las palabras de Job me estremecieron tanto que comencé a llorar. Viví cada palabra de Job, como si fuese la mía. Dios, ¿para qué estoy viviendo esto? ¿Por qué no podía ocurrir el milagro y ya? ¿Por qué permitiste que les contáramos a otros el testimonio si no estoy embarazada? ¡Si! Siento dolor, siento tristeza. !Siento coraje! Siento angustia, siento desánimo, siento frustración, siento soledad. Pero en medio de todo esto… “Dios no he dejado de amarte ni un solo segundo”.

Reconozco que mi mente es tan pequeña, que no entiende lo perfecto de su plan.  Dice en Job 26:14 “He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuan leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?   

                                                                                                                          

Continuará… 

Testimonio Parte III disponible desde 1 de febrero de 2007

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