Quiero compartir unos eventos que para mi han sido, hasta ahora, los tres grandes desbordamiento de fe en mi vida.  El primer desbordamiento de “fe” ocurrió luego de que a Mami se le diagnosticara el cáncer. El “desbordamiento” no ocurrió cuando me enteré de la noticia, sino cuando ya empecé a ver su deterioro a causa de la quimioterapia. En esos últimos meces visité, casi todos los Domingos,  la Iglesia a la cual Mami asistió.

Ciertamente la fe de mi madre, hacía que yo no dudase de que Dios la fuera a sanar.   Las últimas palabras que escuche de ella, me las dijo un sábado de noche en la habitación del hospital; “Dámaris no te preocupes que Dios me va a restaurar”. Al otro día (domingo) me paré frente a la congregación a testificar y citar lo que ella me había dicho. Después de aquellas palabras en aquella noche, Mami no me volvió a hablar. Le rogué que me hablara una vez más, que me explicara lo que me había querido decir… pero su mirada se perdía cada vez más y sus ojos se empezaban a nublar.  

Cada uno de sus hijos tuvimos la oportunidad de estar con ella a solas y despedirse por unos minutos. Le hablé, le dije cuanto la amaba. Le dije que todos estaríamos bien, que se podía ir tranquila. Dejé de creer que Dios la sanaría… sencillamente dejé de creer. Me acerque a su oído y le dije “Mami, si Dios realmente existe dile que te lleve con Él”  Por cinco años me sentí culpable de su muerte. 

El segundo desbordamiento de “fe” ocurrió hacen tres años atrás. Tuve una compañera maestra con la cual me identifiqué ciegamente. Esta maestra era rechazada por la mayoría de la gente. De sólo mirarla se sabía que no estaba en sus cabales. Además de que practicaba la santería y el ocultismo.  Pero, había algo inexplicable me que unía a ella.

Una tarde me pidió que fuese a su casa a conectar su computadora a la Internet y sin problemas accedí. En mi vida jamás pensé que pasaría por una experiencia tan atormentante como esa. No tengo palabras suficientes para explicar todo lo que vi. Regueros por todas partes, sucio, comida podrida, gusanos, animales clavados en las paredes, muñecos sentados por todas partes, santos, coronas, basura amontonada, imágenes, velas, gárgolas, cucarachas, ratones, excremento… cosas horribles. Con todo eso, me quedé allí.  Mientras trabajaba con la computadora sentía unos deseos grandes de vomitar. Yo decía en mi mente; “No me importa lo que yo vea a mi alrededor, yo sólo vengo a ayudarla a ella”. Desde ese momento mi relación con ella se hizo cada vez mas fuerte.  Sentía gran compasión por ella. Una persona mayor de edad, que vivía sola, y para colmo! tenía hasta un parecido físico a mi mamá.  

Luego de unos meces le diagnosticaron cáncer en el cerebro, un golpe muy fuerte para mi. Ya le había cogido tanto cariño que estuve con ella antes y después de su operación. Verla en aquella cama de intensivo fue como revivir lo que había ocurrido con mi mamá. Estuve a punto de llevármela vivir con nosotros por el tiempo que le tomase recuperarse de la operación.  Seguí visitando su casa y entonces con más frecuencia. Me sentía responsable de llevarle comida y cuidarle. Cada visita era una experiencia más y más horrorosa. Ella me contaba de los brujos, los cosa horribles que hacía y lo que Satanás le decía al oído… yo seguía repitiendo en mi mente;  “No me importa lo que yo escuche o vea a mi alrededor, yo sólo vengo a ayudarla a ella y sólo voy a ver su corazón” Cada vez que salía de esa casa, lloraba y lloraba sin parar. Llegaba a casa desesperada por bañarme y tratar de despegar de mi cuerpo ese olor tan desagradable y de mi mente todas esas escenas… fue así que me volví a acordar de Dios.  

Ya me estaba afectando tanto la situación que un día llamé a un pastor y le pedí que por favor fuese conmigo a la casa de esta persona para que orara por ella. Repetí estas palabras todo el camino hasta llegar a su casa; “Dios tú me debes un milagro. Lo que no hiciste con Mami, lo tienes que hacer con ella. Si no la vas a sanar haz que ella se arrepienta y te acepte esta noche.”  Llegamos a su casa, ella… sólo se rió del pastor. A todo lo que le decía el pastor ella contestaba con frases burlonas. Yo sentía que mi corazón iba a quebrar. No podía creer que Dios permitiese lo que estaba pasando.  

Salimos de allí… el pastor me dijo que vio en las gárgolas la cara de demonios riéndose y burlándose de nosotros.  Además, sintió un fuerte olor a azufre. Me advirtió que no debía regresar a esa casa. Lloré desconsoladamente, grité, grité y lloré. Nunca más volví, pero me quede con una atadura satánica de la cual ¡Gracias a Dios! me liberé hace prácticamente un año atrás. 

El tercer desbordamiento de fe ocurrió el mes pasado, del cual ustedes han sido testigos (Testimonio Parte II). Pensé que sería el cumplimiento de la promesa de hijos para Edward y yo. Sólo que esta vez, a pesar de que no fue el resultado que yo esperaba, mi FE no ha decaído. Es más, se ha hecho mucho más grande y fuerte. Dios ha de cumplir el pacto que hizo conmigo en marzo del 2006 mientras Edward se encontraba en Guatemala.

Continuará…

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