Durante el mes de febrero viajé a Miami para asuntos de la Universidad en la cual estoy estudiando. Por aquello de no hacer gastos excesivos me quedé esos días en la casa de mi  tía Cuca, Joan y Alisa. No hice más que montarme en el avión cuando ya comenzaba a llorar… sabía que iba camino a iniciar lo que será una nueva etapa en mi vida y el logro de uno de mis grandes sueños, hacer el doctorado.  Así que me pasé el viaje llorando de felicidad y emoción.

Llegué al sitio de alquiler de autos, por que tendría que viajar bastante desde la casa de titi a la Universidad. Cuando voy a recoger el carro barato por el cual pagué no quedaba ninguno, así que me dieron a escoger entre un Jeta convertible o un Monte Carlo del año. Había ofrecido la disposición de mi carro a los compañeros, así que opté por el carro grande con botones sofisticados.

Salí la mañana siguiente con un mapa de la ciudad y un mapa que me hizo mi prima dónde me indicaba cómo llegar de regreso a la casa. Llegué a la Universidad sin problemas mayores, a pesar de la emoción y la euforia que me causaba esta nueva experiencia fue un día extremadamente agotador.  Voy de regreso a la casa, siguiendo con toda mi seguridad el mapa. Ya no sé en que momento cometí el error que me llevó a perderme por más de cuatro (4) eternas horas. Pregunté, grité, oré, peleé, canté, volví a preguntar, me reí, lloré y para colmo había dejado el celular en la casa. Luego de estas horas de angustia una persona me llevó hasta la casa ya pasadas las 11:00 p.m. 

Me levanto la mañana siguiente y mientras me cepillaba los dientes viene a mi mente, repetidas veces, una canción que escuche la noche anterior que decía algo así; “Voy viajando por estas carreteras que son nuevas para mí, tratando de buscar la dirección de cómo llegar a ti” y comienzo a llorar. Pasó por mi cabeza, como una película, cada cosa que viví. Todas las personas a quienes había preguntado, las veces que me desesperé, mi actitud, las veces que oré y cómo fue que finalmente llegué de regreso. De cada uno de estos momentos Dios me ministró su significado.

Las cuatro largas horas comenzaron cuando le pregunté a la señora del peaje si me faltaba mucho para mi salida y a gritos me dijo que tomara la próxima salida. No se cuantas veces hayas pedido direcciones en un peaje, lo que si puedo decir es ¡que cuando uno necesita dirección, no puede detenerse a preguntarle a la gente que tiene prisa y sólo quiere salir de ti! Me detengo en un puesto de gasolina y le pregunto a esta señora, quien se baja de su auto y comienza a mirar a todos lados. Me dice una y otra vez; “Te juro que yo soy de aquí, toda la vida he vivido aquí y no se explicarte como llegar”. En nuestro caminar y en la búsqueda de un encuentro con Dios nos vamos a encontrar con personas que dicen que han vivido toda su vida en fe, que tienen toda la experiencia para darte el mejor consejo, sin embargo no saben como explicarnos cómo se llega a Él.

Seguí mi camino y ya empezaba a oscurecerse. Me detengo y le pregunto a este caballero, quien coge el mapa en sus manos y me dice “Tu sí que estás bien lejos, sigue derecho por esta carretera y pregunta más adelante”. Cuando nos sentimos perdidos, no faltarán las personas que en lugar de darnos ánimo querrán hacernos sentir que es imposible llegar. Llego a otro peaje y me detengo nuevamente a preguntar. “Salte en la próxima salida” me dice la señora gritando. Ya aquí empecé a llorar. Cuando las personas no se identifican con nuestro problema o nuestro dolor, sólo nos dirán cosas que nos lastiman y hieren nuestra sensibilidad,  harán que en vez de llegar nos perdamos más.  

Llegó el momento en que nada me hacía sentido, las carreteras y los números me parecían los mismos. Comencé a doblar por una y otra carretera seleccionando al azar… ahora doblo a la derecha y ahora a la izquierda, ahora por aquí y ahora por acá. Se hacía cada vez más tarde. Empecé a desesperarme, cuando escucho en la radio la canción; “Voy viajando por estas carreteras que son nuevas para mí, tratando de buscar la dirección de cómo llegar a ti”.

Me detengo una vez más en otro peaje, sólo que esta vez voy a la caseta principal. Voy llorando donde las señoras y les suplico que por favor me explicaran como llegar a la casa. Una le dice a la otra con cara de pena; “Oh, she just wants to get home” (Oh, ella sólo quiere llegar a su casa) y muy amablemente me hicieron un nuevo mapa de cómo llegar. Me dijeron; “no te desesperes que si sigues estas instrucciones vas a llegar”. Pero ya yo estaba desesperada. Y por más que traté de seguir las instrucciones el cansancio me empezaba a agobiar. Para otros los consejos ¡más claros no se pueden dar! sin embargo nuestras fuerzas se agotan y por nosotros mismos es imposible llegar.

Ya había cruzado toda la Calle Ocho de Miami, y me detengo a preguntarle a un señor que distribuye alimentos, pensando “este sí sabe de carreteras y me puede explicar”. Menos mal que hablaba español, por que ya ni siquiera el inglés entendía. Me dice: “No estas tan lejos. Si fueras de aquí te diría que dobles a la derecha y luego a tomas el expreso y la siguiente salida es la tuya. Pero como no eres de aquí tendrás que virar y cruzar toda la Calle Ocho de nuevo”. Entre las luces y el tráfico me había tomado más de cuarenta (40) minutos cruzar la Calle Ocho, por lo que me dije a mi misma; “Yo no soy de aquí, pero voy a guiar como si fuera de aquí” Doble a la derecha, cogí el expreso… y me volví a perder. Cuando no hemos vivido las experiencias de los demás, de los que ¡si son de aquí! el camino se nos hace el doble y complicado, tendremos que pasar una y otra vez por las situaciones hasta que aprendemos. Pero cuando nuestra actitud es la de ¡yo no voy a volver a pasar por lo mismo! Sabiendo que aún no hemos madurado lo suficiente, nos volvemos a perder.  

Decido preguntar por última vez a un joven quien se detuvo a mi lado. “Por favor, me puedes decir cómo llegar a este sitio”. Me dice “Yo vivo por allí y me hizo señas para que nos detuviéramos a orillas de la carretera. “Es bien fácil llegar, lo que pasa es que yo no voy hacia allá ahora. Dobla en la calle #tal y luego en la calle #tal” y siguió mencionando números y calles.  Para mi… otro más que me explicaba. Le di las gracias y seguí mi rumbo.

Ya me había dado por vencida, pensaba echarme a un lado de la carretera a llorar, cuando ¡¡¡me meto en contra de tránsito!!! La gente empezó a gritarme, a hacerme señas y a hablarme malo. Yo sólo bajé el cristal y empecé a gritar en llantos “Es que ustedes no entienden que yo no soy de aquí”. Cuando cometemos errores no faltará la gente que nos grite y nos señale lo mal que lo hemos hecho. Que nos digan ¡Bruta(o)! ¿Cómo es posible que hicieras esto o aquello? Gente que sin misericordia quieran lastimarnos y humillarnos, por que saben que lo hicimos mal. Le di la vuelta al carro y salí por donde mismo entré. Si había cometido el error, pero me di cuenta de que era cuestión de dar la vuelva y seguir el camino correcto.

Pensé que jamás llegaría a la casa. Cuando me toca bocinas el joven, a quien último le había preguntado y me dice “Sígueme, yo sé que sola no vas a poder llegar”. Ya aquí no me quedaba otra opción que confiar en él y seguirle. Viajamos un largo tramo y lo que el hacía yo lo hacía con tal de no perderlo de vista. Nos detuvimos en dos sitios diferentes y me pregunta; ¿Es aquí? “Se parece pero no es” le dije en las dos ocasiones. Dios sabe cuánto podemos soportar. Justo en el momento en que creemos que el mundo se nos viene encima, Él envía sus Ángeles en nuestro socorro, que no nos soltarán hasta tanto hayamos llegado a lo que Dios tiene destinado para nuestra vida. El punto en el mapa dónde debemos estar.

El mapa de nuestra vida esta perfectamente diseñado por Dios desde antes de la fundación del mundo. ¿Hacia dónde diriges tu vida?  

Contunuará…

Testimonio Parte VI estará disponible a partir del 1 de mayo de 2007

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