You are currently browsing the category archive for the ‘Ayuno de Daniel’ category.

A principios del mes de diciembre de 2007 Edward y yo comenzamos por primera vez el ayuno de Daniel. Estábamos resueltos a eliminar de nuestras comidas toda carne y sus derivados, azucares, café y productos procesados por 21 días. Yo me encargué de esconder todo aquello comeríamos por aquellos días y nos surtimos de variedad de frutas, vegetales y verduras. Pero había un detalle… Edward no come verduras y apenas come vegetales.           

Tuvimos una reunión preciosa con los demás hermanos de la Iglesia que ayunaríamos. Compartimos porciones bíblicas, palabra de aliento y nuestras expectativas del ayuno. Sólo que Edward mencionó algo, posiblemente sin saber cuanta verdad habría en lo que dijo, y que luego se haría una realidad muy dolorosa en el proceso… él no haría el ayuno de Daniel, sino el ayuno de Edward. 

Los primeros días, ante la inexperiencia, los platos no fueron muy variados, además era evidente que yo estaba tratando de inventar en un área que no es mi fuerte…la cocina. Pero eso sí, me esmeraba para que Edward comiese bien y todos los mañanas le preparaba sus verduras, frutas y nueces para el trabajo. Los primeros dos días experimentamos un fuerte dolor de cabeza, posiblemente a la gran cantidad de café que ingeríamos diariamente.   

Todo marchaba bien, hasta la mañana que preparé harina de maíz con agua. No por que no se pueda comer, posiblemente no la preparé correctamente, pero realmente era muy difícil de tragar. Yo observaba a Edward haciendo un gran esfuerzo por comerla, pero finalmente no pudo. Hasta ese día nuestro ayuno fue en común…  

Esa noche (día 5 de ayuno), luego de que Edward regresa de su trabajo y me pide que nos sentásemos a hablar. Había un gran nerviosismo en su voz, cuando me dijo que había entregado el ayuno. Inmediatamente sentí que mi corazón se hacia trizas. Me dio un dolor de cabezas sumamente fuerte y no podía contener el llanto. Él intentaba darme explicaciones… pero nada que el dijese podía consolarme. Posiblemente pensarás ¡que exagerada!, pero no haya explicación para lo que estaba sintiendo.  

“Edward por qué no me llamaste? Posiblemente te hubiese persuadido para que no lo hicieras, me siento como si me hubieses sido infiel con otra mujer”. Él trataba una y otra vez de explicarme, que no se trataba de mí y que era un asunto entre él y Dios… pero nada me hacía comprender. En ese momento le pedí que me dejara a solas. Ahogada en el llanto le pedí Señor que quitara de mi ese dolor tan fuerte que estaba sintiendo. Comencé a declarar paz en mis emociones y renunciar a ese sentimiento de dolor y enojo que tan grandemente sentía.      

Diario de Ayuno Día #6: “Edward cambió su ayuno ayer, cuando me lo dijo en la noche, sentí como si me hubiese roto el corazón, Me dio un dolor de cabezas sumamente fuerte y no podía contener las ganas de llorar. Sin embargo renuncié al dolor y enojo, ¡vencí!. Y me siento tranquila al respecto. Esto es un proceso individual”.           

Al siguiente día asistimos a una reunión navideña, Edward comió… según yo, todo estaba “tranquilo” conmigo. Pero en la noche sentía que dormía al lado de quien me había traicionado.          

Al quinto día de Edward haber hecho las modificaciones en su ayuno, salimos de la Iglesia y fuimos al supermercado a comprar alimentos para él. Y yo… “todo tranquilo”, hasta que Edward empezó a seleccionar sus alimentos. En ese momento comencé a experimentar un coraje inexplicable. De forma que tal, que entre las góndolas estaba yo discutiendo y reclamándole por lo que compraría. Tal pareciera que el saber que él deseaba comer algo de lo que habíamos acordado que no se comería en el ayuno, me irritó tanto, que volvió el sentimiento de ira. Ya ni siquiera lo podía mirar a los ojos. En esos instantes me di cuenta de algo no estaba correcto en mis reacciones. Algo no andaba bien en mí y le pedí perdón. 

Llegamos a la casa, a un lado de la mesa Edward con su comida, al otro lado yo… con un plato de frutas. De momento veo que Edward baja su cabeza y comienza a llorar, del otro lado… estoy llorando también. Sin embargo era un llanto distinto, no era un llanto pesado, las lágrimas bajaban como agua limpia. El Espíritu Santo comenzaba a ministrarme.                    

Entre lágrimas Edward me pidió perdón, por lo que había causado en mí su decisión. Comenzó a explicarme cómo había sido el proceso de entregar el ayuno y que de ninguna manera el hubiese deseado herirme.           

Del otro lado, cada lágrima iba sanando la herida. Le explique lo que el Espíritu me ministraba. El proceso que estábamos viviendo, no se trataba de la comida o del ayuno, ni siquiera se trataba de nosotros. Si estamos trabajando con matrimonios, ¿cómo podríamos hablar del perdón, si no hemos tenido que perdonar?, ¿cómo podemos hablar de la reconciliación, si no nos hemos sentido traicionados?     

Diario de Ayuno Día #9 ¡Dios es maravilloso! Sentí en estos días una carga fuerte por lo del ayuno de Edward, era como si él me hubiese sido infiel, ya no lo podía mirar, me molestaba cuando comía, sentía que era inmundo. Tal y como me imagino sentirán las mujeres (o hombres), que viven situaciones así en sus matrimonios. La explicación que Edward me daba, no era suficiente, no podía detener mi dolor. Hasta que abrió su corazón y sus palabras fueron reales y sinceras. El Espíritu Santo ministró a nuestras vidas. Nos abrazamos con una alegría y gratitud a Dios inexplicable. 

Apocalipsis 21:3-5 (BLS)“Y oí que del trono salía una fuerte voz que decía: “Aquí es donde Dios vive con su pueblo. Dios vivirá con ellos, y ellos serán suyos para siempre. En efecto, Dios mismo será su único Dios. Él secará sus lágrimas, y no morirán jamás. Tampoco volverán a llorar, ni a lamentarse, ni sentirán ningún dolor, porque lo que antes existía ha dejado de existir”. Dios dijo desde su trono: “¡Yo hago todo nuevo!” 

Creados para Expandir el Reino

El testimonio de un creyente nunca termina pues las bendiciones del Señor son nuevas cada mañana. No lees esto por casualidad. Dios te trajo hasta aquí para que creas en Él y seas testigo de lo que Él es capaz de hacer en la vida de los que creemos en su hijo Jesús. Declaro una palabra de bendición y transformación para tu vida.

Déjanos saber de ti…

Queremos leer tus comentarios y/o tu testimonio. Visita la página de COMENTARIOS antes de irte.

Comentarios recientes

Daniela en Testimonio Parte XII –…
agosto 2017
L M X J V S D
« Ago    
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031