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Me preguntaba qué ganamos de haber pasado la niñez en la Iglesia “24-7”. Si fue o no necesaria esa etapa de mi vida y en la de mis hermanos. Y qué propósito tiene en lo que somos hoy día. Recuerdo asistíamos a la Iglesia casi todos los días y teníamos mucha participación como familia. Mis padres, en un tiempo pastores, nos criaron con el temor de Dios y gran parte de lo que recuerdo giraba en torno a la Iglesia y su ministerio.  

Esa tarde salí de la escuela donde trabajo como maestra, al “beauty” en Cataño, un pueblo muy pintoresco donde me crié. Envuelta en estos pensamientos y  cuestionamientos me desvié de la ruta que usualmente sigo y llegué a la calle principal del pueblo. Observo a la derecha a tres hombres que de primera impresión me parecieron drogadictos.  Uno de ellos lo reconocí de inmediato. Recuerdo asistía a la Iglesia Pentecostal donde perseveramos por varios años. Recuerdo a este señor, relativamente joven, siempre estaba encorbatado y hablando de Dios. Al verlo ahora, en esas condiciones, vino a mi el siguiente pensamiento; “Si yo siendo una niña aún, recuerdo quien es él, ¿cuánto más se acordará Dios de él, que fue quien lo creó?” Esas palabras siguieron retumbando en mi mente y en mi corazón. Sentí que se lo tenía que decir. Así que regresé al sitio donde lo había visto, sólo que ya no estaba. Busqué entre las calles y ya no vi rastro de él. Luego de un rato buscando… me resigné.  

Salí del “beauty” y visité a mi abuela, quien vive por el área, por unas horas. Ya lista para montarme en la guagua e irme, veo nada más y nada menos que al señor a quien había visto esa tarde. Éste se dirigía a pasar por donde yo estaba. Con una cerveza en su mano derecha y hablando solo. ¡Claro que lo detuve! Me miró raro y se echó a reír.  ¿Te acuerdas de mi? le pregunté. ¡Yo si me acuerdo de ti! le dije eufórica. Le expliqué que lo había conocido en la Iglesia de pequeña. Luego de un rato tratando de explicarle a que familia pertenezco, se acordó de mis padres y de mis hermanos mayores. “Si yo siendo una niña aún, recuerdo bien quién eres, ¿cuánto más se acordará Dios de ti que fue quien te creó?” le dije. Inmediatamente salió a la defensiva diciéndome molesto que él había estudiado teología y psicología. Que Dios no estaba en las iglesias, que Dios estaba dentro de su lata de cerveza. Y comenzó a recitar versículos bíblicos.   Efectivamente estaba hablando con una persona que había conocido muy bien quien era Dios, conocía muchísimo de la Biblia.  Sin embargo era evidente que su vida no pertenecía a Jesús. Yo le hablé lo que Dios puso en mi mente y en mi corazón. Él… entre burlas y risas me escuchó. Yo hice mi parte, lo demás le corresponde a él. 

Me pregunté nuevamente, ¿qué gané? Si no hubiese sido criada en aquella Iglesia ¿reconocería yo a este hombre al cual Dios me envió a hablar? O por el contrario ¿lo vería como a algún extraño que quizás vi algún domingo o el Viernes Santo que fui a la Iglesia?  ¿Sería para mi… quizás la que se sienta siempre en la banca tal de la Iglesia, el que es familia de fulano o zutano, el del pelo rubio, la peli negra, o simplemente el que vemos y ya no conocemos?  De algo puedo estar segura, Dios lo tiene en su mente. Isaías 49:16 me dice “En las palmas de las manos te tengo esculpida” Dios conoce quien es él, conoce su necesidad, conoce su nombre y nunca lo olvidará. 

                                                Continuará…… Testimonio VII estará disponible a partir del 1 de junio de 2007

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Me profetizaron que yo sería como Ana…  ciertamente Dios hizo un pacto conmigo, al igual que lo hizo con ella.

Cuando Edward se fue por primera vez a Guatemala, me llamó en varías ocasiones hablándome, emocionado, de lo que le estaban profetizando por allá sobre sus hijos.Una de esas noches, me tiré de rodillas y le supliqué al Señor que si me iba a dar un hijo, fuese un momento especial, un momento inolvidable para ambos. Yo sé que Él escucho mi ruego y quiere restaurarme, antes de que yo conciba. 

Las frustraciones comenzaron en mi vida desde muy temprana edad. Recuerdo tendría alrededor de algunos cuatro años. Yo estaba en una guagua sentada en la falda de algún hombre adulto que no recuerdo. Sólo sé que tocaba mis partes íntimas por debajo de mi pequeña falda. No dije nada a nadie.  

Luego entre los juegos de niños, la ignorancia y la curiosidad sucedieron cosas que tampoco debieron ocurrir. Esto terminó gracias a un sueño que nunca he olvidado. Soñé que yo estaba “jugando” a mamá y papá a escondidas cuando de repente llegó mi papá a recogerme en un auto. El me llamaba ¡Dámaris, Dámaris!… pero yo estaba tan avergonzada que no me atreví a salir. El se fue y me dejó.   Este sueño tan sencillo que me parece, ahora de adulta tuvo un significado importante y determinante. Esta niña de algunos once años interpretó y sintió que era una advertencia de parte Dios. Sabía si seguía “jugando” de esa forma cuando Dios llegara a buscar su Iglesia, yo me iba a quedar. Desde ese día estos juegos pararon.

Mis padres ya se habían separado para este tiempo. Tal pareciera que luego de esto también nosotros nos divorciamos de la Iglesia y de Dios. Al papi no estar en la casa, quien era muy estricto, ya no hubo cosa prohibida para ninguno de nosotros. Mi dos hermanas y yo corrimos a ponernos pantallas, mini faldas y pantalones “super” cortos y apretados. Ya en la adolescencia, hombres adultos se aprovecharon de mi ignorancia. Me arriesgué tanto, sin embargo con todo y eso… dije y me mantuve firme de que entregaría mi virginidad, como regalo, sólo al hombre con quien me casara. 

A los veintiún años rompí con mi propia regla. Afloraron en mi sentimientos de culpa, dolor y verguenza. A los veintitrés años llegó Edward a mi vida, quien  ha sido desde un principio, un caballero, un hombre maravilloso y atento conmigo. Edward no tiene culpa de mis frustraciones y traumas… pero si ha sufrido muchas de las consecuencias de ellas. Ya después de casados empecé a ocuparme de tener dos trabajos, estudiar y hacer la Maestría, participar en los comités de esto y aquello, involucrarme en cuanto proyecto aparecía… por que según yo, sólo podía funcionar, sino era bajo el “stress”. Claro que después que regresaba a casa “muerta del cansancio” sólo quería llegar a dormir. Y así poder evadir mi rol de esposa.

Ya convertidos al Señor, participamos en un retiro de la Iglesia. Una de las conferencias iba dirigida exclusivamente a la mujer. Luego de un mensaje precioso se nos entregó una corona como símbolo de que éramos las princesas de Señor. Esa noche todas debíamos vestir como princesas y lucir la corona que se nos había entregado.  Recuerdo fuimos a casa a cambiarnos de ropa. Yo me puse  una falda azul claro que me encantaba pero me quedaba grande. Así que me puse un “espendible” a cada lado para que no se me cayera. Luego me puse una camisilla que combinaba muy bien con la falda, pero tenía uno de los manguillos descocidos. Para taparme el manguillo roto, me puse encima un bolerito que era todavía más viejo. Terminé poniéndome unas sandalias viejas, que ni siquiera me pertenecían, y me puse mi corona. A todas estas yo me sentía preciosa. Hasta… que llegue a la Iglesia. Todas las demás princesas se veían espectacularmente bellas y yo… demás esta decir que me sentía. Así pasé aquella noche, no cómo princesa sino como cucaracha.

Llevo muchos años luchando conmigo misma y sólo Dios sabe cuantas lágrimas he derramado cuando se trata de este tema. Pero, sin yo saberlo ya Dios había comenzado a restaurarme.  En junio 2006, durante nuestro viaje a Guatemala, una mujer y esposa ejemplar, me dio estas palabras de parte del Señor; “Tu eres mi princesa, mi novia, mi amada. He callado a los ángeles para escuchar tus oraciones. Te he visto llorar en las noche y tus lagrimas han sido olor grato a mi.”

Me profetizaron que yo sería como Ana…  ciertamente Dios hizo un pacto conmigo, al igual que lo hizo con ella. Aquella noche cuando de rodillas lloraba pidiéndole al Señor que me sanara y me restaurara como mujer, le prometí que le entregaría mi hijo como pacto.  

Continuará…

Quiero compartir unos eventos que para mi han sido, hasta ahora, los tres grandes desbordamiento de fe en mi vida.  El primer desbordamiento de “fe” ocurrió luego de que a Mami se le diagnosticara el cáncer. El “desbordamiento” no ocurrió cuando me enteré de la noticia, sino cuando ya empecé a ver su deterioro a causa de la quimioterapia. En esos últimos meces visité, casi todos los Domingos,  la Iglesia a la cual Mami asistió.

Ciertamente la fe de mi madre, hacía que yo no dudase de que Dios la fuera a sanar.   Las últimas palabras que escuche de ella, me las dijo un sábado de noche en la habitación del hospital; “Dámaris no te preocupes que Dios me va a restaurar”. Al otro día (domingo) me paré frente a la congregación a testificar y citar lo que ella me había dicho. Después de aquellas palabras en aquella noche, Mami no me volvió a hablar. Le rogué que me hablara una vez más, que me explicara lo que me había querido decir… pero su mirada se perdía cada vez más y sus ojos se empezaban a nublar.  

Cada uno de sus hijos tuvimos la oportunidad de estar con ella a solas y despedirse por unos minutos. Le hablé, le dije cuanto la amaba. Le dije que todos estaríamos bien, que se podía ir tranquila. Dejé de creer que Dios la sanaría… sencillamente dejé de creer. Me acerque a su oído y le dije “Mami, si Dios realmente existe dile que te lleve con Él”  Por cinco años me sentí culpable de su muerte. 

El segundo desbordamiento de “fe” ocurrió hacen tres años atrás. Tuve una compañera maestra con la cual me identifiqué ciegamente. Esta maestra era rechazada por la mayoría de la gente. De sólo mirarla se sabía que no estaba en sus cabales. Además de que practicaba la santería y el ocultismo.  Pero, había algo inexplicable me que unía a ella.

Una tarde me pidió que fuese a su casa a conectar su computadora a la Internet y sin problemas accedí. En mi vida jamás pensé que pasaría por una experiencia tan atormentante como esa. No tengo palabras suficientes para explicar todo lo que vi. Regueros por todas partes, sucio, comida podrida, gusanos, animales clavados en las paredes, muñecos sentados por todas partes, santos, coronas, basura amontonada, imágenes, velas, gárgolas, cucarachas, ratones, excremento… cosas horribles. Con todo eso, me quedé allí.  Mientras trabajaba con la computadora sentía unos deseos grandes de vomitar. Yo decía en mi mente; “No me importa lo que yo vea a mi alrededor, yo sólo vengo a ayudarla a ella”. Desde ese momento mi relación con ella se hizo cada vez mas fuerte.  Sentía gran compasión por ella. Una persona mayor de edad, que vivía sola, y para colmo! tenía hasta un parecido físico a mi mamá.  

Luego de unos meces le diagnosticaron cáncer en el cerebro, un golpe muy fuerte para mi. Ya le había cogido tanto cariño que estuve con ella antes y después de su operación. Verla en aquella cama de intensivo fue como revivir lo que había ocurrido con mi mamá. Estuve a punto de llevármela vivir con nosotros por el tiempo que le tomase recuperarse de la operación.  Seguí visitando su casa y entonces con más frecuencia. Me sentía responsable de llevarle comida y cuidarle. Cada visita era una experiencia más y más horrorosa. Ella me contaba de los brujos, los cosa horribles que hacía y lo que Satanás le decía al oído… yo seguía repitiendo en mi mente;  “No me importa lo que yo escuche o vea a mi alrededor, yo sólo vengo a ayudarla a ella y sólo voy a ver su corazón” Cada vez que salía de esa casa, lloraba y lloraba sin parar. Llegaba a casa desesperada por bañarme y tratar de despegar de mi cuerpo ese olor tan desagradable y de mi mente todas esas escenas… fue así que me volví a acordar de Dios.  

Ya me estaba afectando tanto la situación que un día llamé a un pastor y le pedí que por favor fuese conmigo a la casa de esta persona para que orara por ella. Repetí estas palabras todo el camino hasta llegar a su casa; “Dios tú me debes un milagro. Lo que no hiciste con Mami, lo tienes que hacer con ella. Si no la vas a sanar haz que ella se arrepienta y te acepte esta noche.”  Llegamos a su casa, ella… sólo se rió del pastor. A todo lo que le decía el pastor ella contestaba con frases burlonas. Yo sentía que mi corazón iba a quebrar. No podía creer que Dios permitiese lo que estaba pasando.  

Salimos de allí… el pastor me dijo que vio en las gárgolas la cara de demonios riéndose y burlándose de nosotros.  Además, sintió un fuerte olor a azufre. Me advirtió que no debía regresar a esa casa. Lloré desconsoladamente, grité, grité y lloré. Nunca más volví, pero me quede con una atadura satánica de la cual ¡Gracias a Dios! me liberé hace prácticamente un año atrás. 

El tercer desbordamiento de fe ocurrió el mes pasado, del cual ustedes han sido testigos (Testimonio Parte II). Pensé que sería el cumplimiento de la promesa de hijos para Edward y yo. Sólo que esta vez, a pesar de que no fue el resultado que yo esperaba, mi FE no ha decaído. Es más, se ha hecho mucho más grande y fuerte. Dios ha de cumplir el pacto que hizo conmigo en marzo del 2006 mientras Edward se encontraba en Guatemala.

Continuará…

 Busqué los resultados del laboratorio de una prueba de conteo que se hizo Edward hace una semana atrás. No pude contener la risa de pensar cómo lo que Dios habría de hacer iba a desmentir lo que decía ese papel. En un rango de 60,000,000 a 150,000,000 de espermatozoides… sólo habían ceros (0). ¡Cero! ¡Nada! ¡La ciencia dice que no hay posibilidad! Más Dios me reveló lo que realmente me quería decir a través de la palabra en Proverbios 18:20-22 ¡Mi hijo no será engendrado por el semen de mi esposo, (como cosa física o cienífica) sino por lo que con su boca declare!    

*** 

Vino a mi memoria todas las veces que Edward en cada intento de procrear, ponía su cabeza en mi vientre y repetía la misma oración; “Jehová que esta semilla sea buena y que la reciba esta tierra fértil”.

***

 Llevamos a mi Doctor los resultados de las pruebas de fertilidad que nos mando a hacer. ¡Una tarde de victoria! Mientras Satanás esperaba ver un ataque de llanto o una crisis… en nosotros lo que había era una sonrisa de “oreja a oreja”.

“Aquí está la causa. Por él es que no han podido tener hijos” dijo el Doctor.  “Yo sé que es una noticia muy fuerte. Pero en su semen no hay espermatozoides vivos, se encontraron muy pocos y están muertos. Tendrás que ir a un urólogo, pero no a cualquiera… tendrás que ir dónde un especialista que le interese trabajar con tu problema.” “¿Entonces es científicamente imposible que yo quede embarazada? le pregunté” “Si… es científicamente imposible”

¡WOW! Era justo lo que queríamos escuchar por que el nombre de Dios fue glorificado aún más. “Dios no se mete en estas cosas” me dijo.  Y con cara de incredulidad me entregó la orden médica para que me hiciera la prueba de embarazo que le pedí. 

***

Yo sé que es lo que Dios hará, aunque no sepa cómo lo hará. Y sé que tendremos un milagro. Dónde no hay vida, Dios creará un feto que cargaré en mi vientre por nueve meces. Que lo que Dios prometió se cumplirá, un nacimiento, un testimonio, un fruto que ganará multitudes para el Reino de Dios.

Proverbios 18:20-22 (Reina-Valera 1960)

 20 Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre;
 Se saciará del producto de sus labios.  
 21 La muerte y la vida están en poder de la lengua,
 Y el que la ama comerá de sus frutos.
 22 El que halla esposa halla el bien,
 Y alcanza la benevolencia
¹ de Jehová.  (Énfasis añadido)

¹Ayuda sobrenatural y don otorgado por Dios al hombre para el logro de la bienaventuranza: la gracia de Dios con vosotros.

*** 

Llegue a casa luego del trabajo y Edward me estaba esperando en el sofá. Me hizo la pregunta que ya había sido puesta en mi corazón… “¿Cómo es que  si las pruebas (de conteo) dicen que yo no puedo tener hijos, saliste embarazada aquella vez?” (Refiriéndose a la vez del aborto) “Yo estoy dispuesto a perdonarte y olvidar, pero por favor Dámaris, dime la verdad.”  Ciertamente yo sabía que esto vendría,  no solamente de parte de él, sino de mucha gente que lo más seguro nos hará la misma pregunta. Aquí es cuando la confianza entre las parejas se pone a prueba… y le contesté “La explicación de lo que está pasando proviene de la palabra misma… La paga del pecado es muerte”. (Romanos 6:22-23) 

***

Fui al laboratorio y me hice la prueba de embarazo. Sentí una gran ansiedad en esos momentos. Pero… para mi sorpresa la prueba salió negativo. No estaba preparada para ese momento o más bien para esa noticia, más… ¡yo sé en quien he creído! No desistí de la idea de estar embarazada y esperé a que llegara la fecha para mi menstruación, y efectivamente no estoy embarazada, aún.   No puedo negar que sentí como si el mundo se me quisiera caer encima, no entendí nada de lo que nos estaba pasando.

***

A las 3:00 de la mañana despierto a causa de un dolor de menstruación que nunca antes había experimentado. El dolor era tan fuerte que sentía como se me estuviesen (literalmente) desbaratando por dentro. Sentía un deseo terrible de llorar y no me salía ni una sola lágrima.  En medio de tanta confusión y desespero, me levanté de la cama, fui a la sala y comencé a leer la Biblia en el libro de Job. Las palabras de Job me estremecieron tanto que comencé a llorar. Viví cada palabra de Job, como si fuese la mía. Dios, ¿para qué estoy viviendo esto? ¿Por qué no podía ocurrir el milagro y ya? ¿Por qué permitiste que les contáramos a otros el testimonio si no estoy embarazada? ¡Si! Siento dolor, siento tristeza. !Siento coraje! Siento angustia, siento desánimo, siento frustración, siento soledad. Pero en medio de todo esto… “Dios no he dejado de amarte ni un solo segundo”.

Reconozco que mi mente es tan pequeña, que no entiende lo perfecto de su plan.  Dice en Job 26:14 “He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuan leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?   

                                                                                                                          

Continuará… 

Testimonio Parte III disponible desde 1 de febrero de 2007

Creados para Expandir el Reino

El testimonio de un creyente nunca termina pues las bendiciones del Señor son nuevas cada mañana. No lees esto por casualidad. Dios te trajo hasta aquí para que creas en Él y seas testigo de lo que Él es capaz de hacer en la vida de los que creemos en su hijo Jesús. Declaro una palabra de bendición y transformación para tu vida.

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