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Me preguntaba qué ganamos de haber pasado la niñez en la Iglesia “24-7”. Si fue o no necesaria esa etapa de mi vida y en la de mis hermanos. Y qué propósito tiene en lo que somos hoy día. Recuerdo asistíamos a la Iglesia casi todos los días y teníamos mucha participación como familia. Mis padres, en un tiempo pastores, nos criaron con el temor de Dios y gran parte de lo que recuerdo giraba en torno a la Iglesia y su ministerio.  

Esa tarde salí de la escuela donde trabajo como maestra, al “beauty” en Cataño, un pueblo muy pintoresco donde me crié. Envuelta en estos pensamientos y  cuestionamientos me desvié de la ruta que usualmente sigo y llegué a la calle principal del pueblo. Observo a la derecha a tres hombres que de primera impresión me parecieron drogadictos.  Uno de ellos lo reconocí de inmediato. Recuerdo asistía a la Iglesia Pentecostal donde perseveramos por varios años. Recuerdo a este señor, relativamente joven, siempre estaba encorbatado y hablando de Dios. Al verlo ahora, en esas condiciones, vino a mi el siguiente pensamiento; “Si yo siendo una niña aún, recuerdo quien es él, ¿cuánto más se acordará Dios de él, que fue quien lo creó?” Esas palabras siguieron retumbando en mi mente y en mi corazón. Sentí que se lo tenía que decir. Así que regresé al sitio donde lo había visto, sólo que ya no estaba. Busqué entre las calles y ya no vi rastro de él. Luego de un rato buscando… me resigné.  

Salí del “beauty” y visité a mi abuela, quien vive por el área, por unas horas. Ya lista para montarme en la guagua e irme, veo nada más y nada menos que al señor a quien había visto esa tarde. Éste se dirigía a pasar por donde yo estaba. Con una cerveza en su mano derecha y hablando solo. ¡Claro que lo detuve! Me miró raro y se echó a reír.  ¿Te acuerdas de mi? le pregunté. ¡Yo si me acuerdo de ti! le dije eufórica. Le expliqué que lo había conocido en la Iglesia de pequeña. Luego de un rato tratando de explicarle a que familia pertenezco, se acordó de mis padres y de mis hermanos mayores. “Si yo siendo una niña aún, recuerdo bien quién eres, ¿cuánto más se acordará Dios de ti que fue quien te creó?” le dije. Inmediatamente salió a la defensiva diciéndome molesto que él había estudiado teología y psicología. Que Dios no estaba en las iglesias, que Dios estaba dentro de su lata de cerveza. Y comenzó a recitar versículos bíblicos.   Efectivamente estaba hablando con una persona que había conocido muy bien quien era Dios, conocía muchísimo de la Biblia.  Sin embargo era evidente que su vida no pertenecía a Jesús. Yo le hablé lo que Dios puso en mi mente y en mi corazón. Él… entre burlas y risas me escuchó. Yo hice mi parte, lo demás le corresponde a él. 

Me pregunté nuevamente, ¿qué gané? Si no hubiese sido criada en aquella Iglesia ¿reconocería yo a este hombre al cual Dios me envió a hablar? O por el contrario ¿lo vería como a algún extraño que quizás vi algún domingo o el Viernes Santo que fui a la Iglesia?  ¿Sería para mi… quizás la que se sienta siempre en la banca tal de la Iglesia, el que es familia de fulano o zutano, el del pelo rubio, la peli negra, o simplemente el que vemos y ya no conocemos?  De algo puedo estar segura, Dios lo tiene en su mente. Isaías 49:16 me dice “En las palmas de las manos te tengo esculpida” Dios conoce quien es él, conoce su necesidad, conoce su nombre y nunca lo olvidará. 

                                                Continuará…… Testimonio VII estará disponible a partir del 1 de junio de 2007

Te recomendamos el libro: Cuando Dios susurra tu nombre de Max Lucado ISBN:0-88113-377-9

Durante el mes de febrero viajé a Miami para asuntos de la Universidad en la cual estoy estudiando. Por aquello de no hacer gastos excesivos me quedé esos días en la casa de mi  tía Cuca, Joan y Alisa. No hice más que montarme en el avión cuando ya comenzaba a llorar… sabía que iba camino a iniciar lo que será una nueva etapa en mi vida y el logro de uno de mis grandes sueños, hacer el doctorado.  Así que me pasé el viaje llorando de felicidad y emoción.

Llegué al sitio de alquiler de autos, por que tendría que viajar bastante desde la casa de titi a la Universidad. Cuando voy a recoger el carro barato por el cual pagué no quedaba ninguno, así que me dieron a escoger entre un Jeta convertible o un Monte Carlo del año. Había ofrecido la disposición de mi carro a los compañeros, así que opté por el carro grande con botones sofisticados.

Salí la mañana siguiente con un mapa de la ciudad y un mapa que me hizo mi prima dónde me indicaba cómo llegar de regreso a la casa. Llegué a la Universidad sin problemas mayores, a pesar de la emoción y la euforia que me causaba esta nueva experiencia fue un día extremadamente agotador.  Voy de regreso a la casa, siguiendo con toda mi seguridad el mapa. Ya no sé en que momento cometí el error que me llevó a perderme por más de cuatro (4) eternas horas. Pregunté, grité, oré, peleé, canté, volví a preguntar, me reí, lloré y para colmo había dejado el celular en la casa. Luego de estas horas de angustia una persona me llevó hasta la casa ya pasadas las 11:00 p.m. 

Me levanto la mañana siguiente y mientras me cepillaba los dientes viene a mi mente, repetidas veces, una canción que escuche la noche anterior que decía algo así; “Voy viajando por estas carreteras que son nuevas para mí, tratando de buscar la dirección de cómo llegar a ti” y comienzo a llorar. Pasó por mi cabeza, como una película, cada cosa que viví. Todas las personas a quienes había preguntado, las veces que me desesperé, mi actitud, las veces que oré y cómo fue que finalmente llegué de regreso. De cada uno de estos momentos Dios me ministró su significado.

Las cuatro largas horas comenzaron cuando le pregunté a la señora del peaje si me faltaba mucho para mi salida y a gritos me dijo que tomara la próxima salida. No se cuantas veces hayas pedido direcciones en un peaje, lo que si puedo decir es ¡que cuando uno necesita dirección, no puede detenerse a preguntarle a la gente que tiene prisa y sólo quiere salir de ti! Me detengo en un puesto de gasolina y le pregunto a esta señora, quien se baja de su auto y comienza a mirar a todos lados. Me dice una y otra vez; “Te juro que yo soy de aquí, toda la vida he vivido aquí y no se explicarte como llegar”. En nuestro caminar y en la búsqueda de un encuentro con Dios nos vamos a encontrar con personas que dicen que han vivido toda su vida en fe, que tienen toda la experiencia para darte el mejor consejo, sin embargo no saben como explicarnos cómo se llega a Él.

Seguí mi camino y ya empezaba a oscurecerse. Me detengo y le pregunto a este caballero, quien coge el mapa en sus manos y me dice “Tu sí que estás bien lejos, sigue derecho por esta carretera y pregunta más adelante”. Cuando nos sentimos perdidos, no faltarán las personas que en lugar de darnos ánimo querrán hacernos sentir que es imposible llegar. Llego a otro peaje y me detengo nuevamente a preguntar. “Salte en la próxima salida” me dice la señora gritando. Ya aquí empecé a llorar. Cuando las personas no se identifican con nuestro problema o nuestro dolor, sólo nos dirán cosas que nos lastiman y hieren nuestra sensibilidad,  harán que en vez de llegar nos perdamos más.  

Llegó el momento en que nada me hacía sentido, las carreteras y los números me parecían los mismos. Comencé a doblar por una y otra carretera seleccionando al azar… ahora doblo a la derecha y ahora a la izquierda, ahora por aquí y ahora por acá. Se hacía cada vez más tarde. Empecé a desesperarme, cuando escucho en la radio la canción; “Voy viajando por estas carreteras que son nuevas para mí, tratando de buscar la dirección de cómo llegar a ti”.

Me detengo una vez más en otro peaje, sólo que esta vez voy a la caseta principal. Voy llorando donde las señoras y les suplico que por favor me explicaran como llegar a la casa. Una le dice a la otra con cara de pena; “Oh, she just wants to get home” (Oh, ella sólo quiere llegar a su casa) y muy amablemente me hicieron un nuevo mapa de cómo llegar. Me dijeron; “no te desesperes que si sigues estas instrucciones vas a llegar”. Pero ya yo estaba desesperada. Y por más que traté de seguir las instrucciones el cansancio me empezaba a agobiar. Para otros los consejos ¡más claros no se pueden dar! sin embargo nuestras fuerzas se agotan y por nosotros mismos es imposible llegar.

Ya había cruzado toda la Calle Ocho de Miami, y me detengo a preguntarle a un señor que distribuye alimentos, pensando “este sí sabe de carreteras y me puede explicar”. Menos mal que hablaba español, por que ya ni siquiera el inglés entendía. Me dice: “No estas tan lejos. Si fueras de aquí te diría que dobles a la derecha y luego a tomas el expreso y la siguiente salida es la tuya. Pero como no eres de aquí tendrás que virar y cruzar toda la Calle Ocho de nuevo”. Entre las luces y el tráfico me había tomado más de cuarenta (40) minutos cruzar la Calle Ocho, por lo que me dije a mi misma; “Yo no soy de aquí, pero voy a guiar como si fuera de aquí” Doble a la derecha, cogí el expreso… y me volví a perder. Cuando no hemos vivido las experiencias de los demás, de los que ¡si son de aquí! el camino se nos hace el doble y complicado, tendremos que pasar una y otra vez por las situaciones hasta que aprendemos. Pero cuando nuestra actitud es la de ¡yo no voy a volver a pasar por lo mismo! Sabiendo que aún no hemos madurado lo suficiente, nos volvemos a perder.  

Decido preguntar por última vez a un joven quien se detuvo a mi lado. “Por favor, me puedes decir cómo llegar a este sitio”. Me dice “Yo vivo por allí y me hizo señas para que nos detuviéramos a orillas de la carretera. “Es bien fácil llegar, lo que pasa es que yo no voy hacia allá ahora. Dobla en la calle #tal y luego en la calle #tal” y siguió mencionando números y calles.  Para mi… otro más que me explicaba. Le di las gracias y seguí mi rumbo.

Ya me había dado por vencida, pensaba echarme a un lado de la carretera a llorar, cuando ¡¡¡me meto en contra de tránsito!!! La gente empezó a gritarme, a hacerme señas y a hablarme malo. Yo sólo bajé el cristal y empecé a gritar en llantos “Es que ustedes no entienden que yo no soy de aquí”. Cuando cometemos errores no faltará la gente que nos grite y nos señale lo mal que lo hemos hecho. Que nos digan ¡Bruta(o)! ¿Cómo es posible que hicieras esto o aquello? Gente que sin misericordia quieran lastimarnos y humillarnos, por que saben que lo hicimos mal. Le di la vuelta al carro y salí por donde mismo entré. Si había cometido el error, pero me di cuenta de que era cuestión de dar la vuelva y seguir el camino correcto.

Pensé que jamás llegaría a la casa. Cuando me toca bocinas el joven, a quien último le había preguntado y me dice “Sígueme, yo sé que sola no vas a poder llegar”. Ya aquí no me quedaba otra opción que confiar en él y seguirle. Viajamos un largo tramo y lo que el hacía yo lo hacía con tal de no perderlo de vista. Nos detuvimos en dos sitios diferentes y me pregunta; ¿Es aquí? “Se parece pero no es” le dije en las dos ocasiones. Dios sabe cuánto podemos soportar. Justo en el momento en que creemos que el mundo se nos viene encima, Él envía sus Ángeles en nuestro socorro, que no nos soltarán hasta tanto hayamos llegado a lo que Dios tiene destinado para nuestra vida. El punto en el mapa dónde debemos estar.

El mapa de nuestra vida esta perfectamente diseñado por Dios desde antes de la fundación del mundo. ¿Hacia dónde diriges tu vida?  

Contunuará…

Testimonio Parte VI estará disponible a partir del 1 de mayo de 2007

Me profetizaron que yo sería como Ana…  ciertamente Dios hizo un pacto conmigo, al igual que lo hizo con ella.

Cuando Edward se fue por primera vez a Guatemala, me llamó en varías ocasiones hablándome, emocionado, de lo que le estaban profetizando por allá sobre sus hijos.Una de esas noches, me tiré de rodillas y le supliqué al Señor que si me iba a dar un hijo, fuese un momento especial, un momento inolvidable para ambos. Yo sé que Él escucho mi ruego y quiere restaurarme, antes de que yo conciba. 

Las frustraciones comenzaron en mi vida desde muy temprana edad. Recuerdo tendría alrededor de algunos cuatro años. Yo estaba en una guagua sentada en la falda de algún hombre adulto que no recuerdo. Sólo sé que tocaba mis partes íntimas por debajo de mi pequeña falda. No dije nada a nadie.  

Luego entre los juegos de niños, la ignorancia y la curiosidad sucedieron cosas que tampoco debieron ocurrir. Esto terminó gracias a un sueño que nunca he olvidado. Soñé que yo estaba “jugando” a mamá y papá a escondidas cuando de repente llegó mi papá a recogerme en un auto. El me llamaba ¡Dámaris, Dámaris!… pero yo estaba tan avergonzada que no me atreví a salir. El se fue y me dejó.   Este sueño tan sencillo que me parece, ahora de adulta tuvo un significado importante y determinante. Esta niña de algunos once años interpretó y sintió que era una advertencia de parte Dios. Sabía si seguía “jugando” de esa forma cuando Dios llegara a buscar su Iglesia, yo me iba a quedar. Desde ese día estos juegos pararon.

Mis padres ya se habían separado para este tiempo. Tal pareciera que luego de esto también nosotros nos divorciamos de la Iglesia y de Dios. Al papi no estar en la casa, quien era muy estricto, ya no hubo cosa prohibida para ninguno de nosotros. Mi dos hermanas y yo corrimos a ponernos pantallas, mini faldas y pantalones “super” cortos y apretados. Ya en la adolescencia, hombres adultos se aprovecharon de mi ignorancia. Me arriesgué tanto, sin embargo con todo y eso… dije y me mantuve firme de que entregaría mi virginidad, como regalo, sólo al hombre con quien me casara. 

A los veintiún años rompí con mi propia regla. Afloraron en mi sentimientos de culpa, dolor y verguenza. A los veintitrés años llegó Edward a mi vida, quien  ha sido desde un principio, un caballero, un hombre maravilloso y atento conmigo. Edward no tiene culpa de mis frustraciones y traumas… pero si ha sufrido muchas de las consecuencias de ellas. Ya después de casados empecé a ocuparme de tener dos trabajos, estudiar y hacer la Maestría, participar en los comités de esto y aquello, involucrarme en cuanto proyecto aparecía… por que según yo, sólo podía funcionar, sino era bajo el “stress”. Claro que después que regresaba a casa “muerta del cansancio” sólo quería llegar a dormir. Y así poder evadir mi rol de esposa.

Ya convertidos al Señor, participamos en un retiro de la Iglesia. Una de las conferencias iba dirigida exclusivamente a la mujer. Luego de un mensaje precioso se nos entregó una corona como símbolo de que éramos las princesas de Señor. Esa noche todas debíamos vestir como princesas y lucir la corona que se nos había entregado.  Recuerdo fuimos a casa a cambiarnos de ropa. Yo me puse  una falda azul claro que me encantaba pero me quedaba grande. Así que me puse un “espendible” a cada lado para que no se me cayera. Luego me puse una camisilla que combinaba muy bien con la falda, pero tenía uno de los manguillos descocidos. Para taparme el manguillo roto, me puse encima un bolerito que era todavía más viejo. Terminé poniéndome unas sandalias viejas, que ni siquiera me pertenecían, y me puse mi corona. A todas estas yo me sentía preciosa. Hasta… que llegue a la Iglesia. Todas las demás princesas se veían espectacularmente bellas y yo… demás esta decir que me sentía. Así pasé aquella noche, no cómo princesa sino como cucaracha.

Llevo muchos años luchando conmigo misma y sólo Dios sabe cuantas lágrimas he derramado cuando se trata de este tema. Pero, sin yo saberlo ya Dios había comenzado a restaurarme.  En junio 2006, durante nuestro viaje a Guatemala, una mujer y esposa ejemplar, me dio estas palabras de parte del Señor; “Tu eres mi princesa, mi novia, mi amada. He callado a los ángeles para escuchar tus oraciones. Te he visto llorar en las noche y tus lagrimas han sido olor grato a mi.”

Me profetizaron que yo sería como Ana…  ciertamente Dios hizo un pacto conmigo, al igual que lo hizo con ella. Aquella noche cuando de rodillas lloraba pidiéndole al Señor que me sanara y me restaurara como mujer, le prometí que le entregaría mi hijo como pacto.  

Continuará…

Quiero compartir unos eventos que para mi han sido, hasta ahora, los tres grandes desbordamiento de fe en mi vida.  El primer desbordamiento de “fe” ocurrió luego de que a Mami se le diagnosticara el cáncer. El “desbordamiento” no ocurrió cuando me enteré de la noticia, sino cuando ya empecé a ver su deterioro a causa de la quimioterapia. En esos últimos meces visité, casi todos los Domingos,  la Iglesia a la cual Mami asistió.

Ciertamente la fe de mi madre, hacía que yo no dudase de que Dios la fuera a sanar.   Las últimas palabras que escuche de ella, me las dijo un sábado de noche en la habitación del hospital; “Dámaris no te preocupes que Dios me va a restaurar”. Al otro día (domingo) me paré frente a la congregación a testificar y citar lo que ella me había dicho. Después de aquellas palabras en aquella noche, Mami no me volvió a hablar. Le rogué que me hablara una vez más, que me explicara lo que me había querido decir… pero su mirada se perdía cada vez más y sus ojos se empezaban a nublar.  

Cada uno de sus hijos tuvimos la oportunidad de estar con ella a solas y despedirse por unos minutos. Le hablé, le dije cuanto la amaba. Le dije que todos estaríamos bien, que se podía ir tranquila. Dejé de creer que Dios la sanaría… sencillamente dejé de creer. Me acerque a su oído y le dije “Mami, si Dios realmente existe dile que te lleve con Él”  Por cinco años me sentí culpable de su muerte. 

El segundo desbordamiento de “fe” ocurrió hacen tres años atrás. Tuve una compañera maestra con la cual me identifiqué ciegamente. Esta maestra era rechazada por la mayoría de la gente. De sólo mirarla se sabía que no estaba en sus cabales. Además de que practicaba la santería y el ocultismo.  Pero, había algo inexplicable me que unía a ella.

Una tarde me pidió que fuese a su casa a conectar su computadora a la Internet y sin problemas accedí. En mi vida jamás pensé que pasaría por una experiencia tan atormentante como esa. No tengo palabras suficientes para explicar todo lo que vi. Regueros por todas partes, sucio, comida podrida, gusanos, animales clavados en las paredes, muñecos sentados por todas partes, santos, coronas, basura amontonada, imágenes, velas, gárgolas, cucarachas, ratones, excremento… cosas horribles. Con todo eso, me quedé allí.  Mientras trabajaba con la computadora sentía unos deseos grandes de vomitar. Yo decía en mi mente; “No me importa lo que yo vea a mi alrededor, yo sólo vengo a ayudarla a ella”. Desde ese momento mi relación con ella se hizo cada vez mas fuerte.  Sentía gran compasión por ella. Una persona mayor de edad, que vivía sola, y para colmo! tenía hasta un parecido físico a mi mamá.  

Luego de unos meces le diagnosticaron cáncer en el cerebro, un golpe muy fuerte para mi. Ya le había cogido tanto cariño que estuve con ella antes y después de su operación. Verla en aquella cama de intensivo fue como revivir lo que había ocurrido con mi mamá. Estuve a punto de llevármela vivir con nosotros por el tiempo que le tomase recuperarse de la operación.  Seguí visitando su casa y entonces con más frecuencia. Me sentía responsable de llevarle comida y cuidarle. Cada visita era una experiencia más y más horrorosa. Ella me contaba de los brujos, los cosa horribles que hacía y lo que Satanás le decía al oído… yo seguía repitiendo en mi mente;  “No me importa lo que yo escuche o vea a mi alrededor, yo sólo vengo a ayudarla a ella y sólo voy a ver su corazón” Cada vez que salía de esa casa, lloraba y lloraba sin parar. Llegaba a casa desesperada por bañarme y tratar de despegar de mi cuerpo ese olor tan desagradable y de mi mente todas esas escenas… fue así que me volví a acordar de Dios.  

Ya me estaba afectando tanto la situación que un día llamé a un pastor y le pedí que por favor fuese conmigo a la casa de esta persona para que orara por ella. Repetí estas palabras todo el camino hasta llegar a su casa; “Dios tú me debes un milagro. Lo que no hiciste con Mami, lo tienes que hacer con ella. Si no la vas a sanar haz que ella se arrepienta y te acepte esta noche.”  Llegamos a su casa, ella… sólo se rió del pastor. A todo lo que le decía el pastor ella contestaba con frases burlonas. Yo sentía que mi corazón iba a quebrar. No podía creer que Dios permitiese lo que estaba pasando.  

Salimos de allí… el pastor me dijo que vio en las gárgolas la cara de demonios riéndose y burlándose de nosotros.  Además, sintió un fuerte olor a azufre. Me advirtió que no debía regresar a esa casa. Lloré desconsoladamente, grité, grité y lloré. Nunca más volví, pero me quede con una atadura satánica de la cual ¡Gracias a Dios! me liberé hace prácticamente un año atrás. 

El tercer desbordamiento de fe ocurrió el mes pasado, del cual ustedes han sido testigos (Testimonio Parte II). Pensé que sería el cumplimiento de la promesa de hijos para Edward y yo. Sólo que esta vez, a pesar de que no fue el resultado que yo esperaba, mi FE no ha decaído. Es más, se ha hecho mucho más grande y fuerte. Dios ha de cumplir el pacto que hizo conmigo en marzo del 2006 mientras Edward se encontraba en Guatemala.

Continuará…

 Busqué los resultados del laboratorio de una prueba de conteo que se hizo Edward hace una semana atrás. No pude contener la risa de pensar cómo lo que Dios habría de hacer iba a desmentir lo que decía ese papel. En un rango de 60,000,000 a 150,000,000 de espermatozoides… sólo habían ceros (0). ¡Cero! ¡Nada! ¡La ciencia dice que no hay posibilidad! Más Dios me reveló lo que realmente me quería decir a través de la palabra en Proverbios 18:20-22 ¡Mi hijo no será engendrado por el semen de mi esposo, (como cosa física o cienífica) sino por lo que con su boca declare!    

*** 

Vino a mi memoria todas las veces que Edward en cada intento de procrear, ponía su cabeza en mi vientre y repetía la misma oración; “Jehová que esta semilla sea buena y que la reciba esta tierra fértil”.

***

 Llevamos a mi Doctor los resultados de las pruebas de fertilidad que nos mando a hacer. ¡Una tarde de victoria! Mientras Satanás esperaba ver un ataque de llanto o una crisis… en nosotros lo que había era una sonrisa de “oreja a oreja”.

“Aquí está la causa. Por él es que no han podido tener hijos” dijo el Doctor.  “Yo sé que es una noticia muy fuerte. Pero en su semen no hay espermatozoides vivos, se encontraron muy pocos y están muertos. Tendrás que ir a un urólogo, pero no a cualquiera… tendrás que ir dónde un especialista que le interese trabajar con tu problema.” “¿Entonces es científicamente imposible que yo quede embarazada? le pregunté” “Si… es científicamente imposible”

¡WOW! Era justo lo que queríamos escuchar por que el nombre de Dios fue glorificado aún más. “Dios no se mete en estas cosas” me dijo.  Y con cara de incredulidad me entregó la orden médica para que me hiciera la prueba de embarazo que le pedí. 

***

Yo sé que es lo que Dios hará, aunque no sepa cómo lo hará. Y sé que tendremos un milagro. Dónde no hay vida, Dios creará un feto que cargaré en mi vientre por nueve meces. Que lo que Dios prometió se cumplirá, un nacimiento, un testimonio, un fruto que ganará multitudes para el Reino de Dios.

Proverbios 18:20-22 (Reina-Valera 1960)

 20 Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre;
 Se saciará del producto de sus labios.  
 21 La muerte y la vida están en poder de la lengua,
 Y el que la ama comerá de sus frutos.
 22 El que halla esposa halla el bien,
 Y alcanza la benevolencia
¹ de Jehová.  (Énfasis añadido)

¹Ayuda sobrenatural y don otorgado por Dios al hombre para el logro de la bienaventuranza: la gracia de Dios con vosotros.

*** 

Llegue a casa luego del trabajo y Edward me estaba esperando en el sofá. Me hizo la pregunta que ya había sido puesta en mi corazón… “¿Cómo es que  si las pruebas (de conteo) dicen que yo no puedo tener hijos, saliste embarazada aquella vez?” (Refiriéndose a la vez del aborto) “Yo estoy dispuesto a perdonarte y olvidar, pero por favor Dámaris, dime la verdad.”  Ciertamente yo sabía que esto vendría,  no solamente de parte de él, sino de mucha gente que lo más seguro nos hará la misma pregunta. Aquí es cuando la confianza entre las parejas se pone a prueba… y le contesté “La explicación de lo que está pasando proviene de la palabra misma… La paga del pecado es muerte”. (Romanos 6:22-23) 

***

Fui al laboratorio y me hice la prueba de embarazo. Sentí una gran ansiedad en esos momentos. Pero… para mi sorpresa la prueba salió negativo. No estaba preparada para ese momento o más bien para esa noticia, más… ¡yo sé en quien he creído! No desistí de la idea de estar embarazada y esperé a que llegara la fecha para mi menstruación, y efectivamente no estoy embarazada, aún.   No puedo negar que sentí como si el mundo se me quisiera caer encima, no entendí nada de lo que nos estaba pasando.

***

A las 3:00 de la mañana despierto a causa de un dolor de menstruación que nunca antes había experimentado. El dolor era tan fuerte que sentía como se me estuviesen (literalmente) desbaratando por dentro. Sentía un deseo terrible de llorar y no me salía ni una sola lágrima.  En medio de tanta confusión y desespero, me levanté de la cama, fui a la sala y comencé a leer la Biblia en el libro de Job. Las palabras de Job me estremecieron tanto que comencé a llorar. Viví cada palabra de Job, como si fuese la mía. Dios, ¿para qué estoy viviendo esto? ¿Por qué no podía ocurrir el milagro y ya? ¿Por qué permitiste que les contáramos a otros el testimonio si no estoy embarazada? ¡Si! Siento dolor, siento tristeza. !Siento coraje! Siento angustia, siento desánimo, siento frustración, siento soledad. Pero en medio de todo esto… “Dios no he dejado de amarte ni un solo segundo”.

Reconozco que mi mente es tan pequeña, que no entiende lo perfecto de su plan.  Dice en Job 26:14 “He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuan leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?   

                                                                                                                          

Continuará… 

Testimonio Parte III disponible desde 1 de febrero de 2007

A un día del Poderoso Retiro para Damas: Despierta, Levántate y Marcha con la Pastora Mayra Castillo y 108 Mujeres Guerreras.   

La primera noche del Retiro la Pastora Judith Capetillo predicó sobre la historia bíblica de la serpiente (Satanás) y la mujer (Eva). Y habló de cómo el aborto era uno de las mejores armas de Satanás para deteriorar el alma de la mujer¹.  Mi esposo y yo, engendramos un bebé hacen seis años atrás, cuando no estábamos aun casados. En ese momento pensé que el tener ese bebé desgraciaría mi vida y convencí a Edward de que lo abortáramos. Al año de ocurrido esto nos casamos. El tema de ese niño siempre fue de mucho dolor para nosotros hasta que decidimos un día no volver a hablar del tema.  Hacen poco más de dos años decidimos tener nuestros hijos. Todos los meces Edward le hablaba al “supuesto bebé” por varias semanas, hasta que se aparecía la manchita roja.  Sentíamos profunda tristeza… pero mes tras mes lo volvíamos a intentar. 

¹La pastora Capetillo hizo referencia al libro: La Mujer, El Sello de la Creación del Pastor Rey F. Matos 

Hace un año y medio nos reconciliamos con el Señor. Desde entonces nos han profetizado que tendremos hijos (más de uno) y que yo sería como Ana. En una viaje a Guatemala y Panamá en el mes de junio pasado, nos profetizaron lo de los hijos nuevamente, pero un poco más allá. Nos profetizaron de lo poderoso que serán para el Señor y como serán reconocidos sus nombres en las naciones. “Se separarán de ti y los perderás, se irán al mundo, pero no como los del mundo… sino como Jesús que se fue a ganar vidas”. En ese mismo viaje otras dos personas nos dijeron que veían en nosotros tres cuerdas de oro, que se entretejían: Dios, Edward y yo.

En el Retiro se me entregó un cartapacio con unos papeles. En cada cartapacio había una tarjeta con un pasaje bíblico distinto. El mío dice; Dios lo hará todo de nuevo “El Señor se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos como en los días de fiesta. Sofonías 3:17. Mientras las demás damas danzaban la música para el Señor, y muy a pesar de lo mucho que me gusta la música, yo me negué a hacer lo mismo. Si lo hacía, decía yo, no lo haría para agradar a Dios sino a mi misma. Sin embargo Dios me había mandado a danzar desde el momento que recibí la tarjeta aquella. Luego de un mensaje profético la Pastora y Profeta Sandra González llamó a varias damas para que danzaran al frente al ritmo de Regetón Cristiano. Que chévere todo… hasta que me señaló y me paró, para que ¡YO! danzara y en público. A pesar de que me resistí al principio me paré al frente. Lloré cuando empecé a danzar pero sentí una liberación tan grande que me llenó de gozo hacerlo en cada canción que pusieron en la “Fiesta del Señor”.   

“Se acabó la sequedad, en ti pongo fertilidad. Yo soy tu esposo, yo soy el dueño de tu hogar” me profetizó Orlando Vega. Al escucharlo caí al suelo quebrantada en llantos y mi cuerpo se encorvó hasta tomar posición fetal. 

Me cuestionaba este fin de semana por qué cada vez que Dios me quebrantaba me hacía caer en posición fetal. En una oportunidad que tuve para ir al cuarto le conté a mis dos amigas (Awilda y Noris) un sueño que tuve hace algunos meces atrás. En este sueño caminaba en el borde de una muralla alta. Al final de esta muralla los bloques se caían. Caigo de esta muralla a un valle verde, precioso, pero muy empinado. Al caer sentí miedo y metí las manos en la tierra, traté desesperadamente de escalar pero no pude.  Agarré una roca…  me aferré tanto y tanto a esa roca. Alguien me gritaban en el sueño “Dámaris te tienes que soltar, déjate caer, déjate caer.” Sabía que me tenía que soltar, pero el miedo no me lo permitía. Lloraba y lloraba, y mi cuerpo se encorvaba más y más, hasta tomar la posición de un feto. Esa mañana desperté ahogada en llantos. El no completar el sueño y contestarme si me hubiese podido soltar o no, me llenó de dolor y desespero.  Dios me dio la interpretación del sueño esa misma noche. Me dijo que tenía que soltar las riendas de mi hogar. Tenía que someterme a mi esposo y dejar que él fuese la cabeza del hogar. A pesar de lo duro que se me hizo aceptarlo, empecé a trabajar en ello.  

***

El último día del Retiro me volvía a casar… y mientras esperaba, vino a mi mente mi boda con Edward. Recordaba cuanto había llorado de felicidad por lo del matrimonio y cuanto lloraba, a la vez, por la  tristeza al ver a mi mamá con un sombrero cubriendo su cabeza… que no tenía pelo a causa de su tratamiento de cáncer. Y en esa espera Dios me dijo; “Esta no es la boda que tu tuviste con Edward, esta boda es diferente porque te vas a casar conmigo”. Literalmente me casé con Él. 

*** En el último almuerzo la Pastora Mayra Castillo compartió un testimonio de una mujer a quien Dios la llevó, en el proceso de sanidad, por su vida desde que era un feto en el vientre de su mamá. Me señaló a la mujer a lo lejos y comencé a llorar.   

*** Se terminó el retiro. Mi esposo y los esposos de Awilda y Noris, nos fueron a recoger al retiro y nos sorprendieron con ramos de flores. Fue un momento precioso. Las damas que allí quedaban nos rodearon en oración. Las guerreras  nos ministraron y dieron palabra profética para cada matrimonio. Mientras se ministraba por mi matrimonio, Dios hablaba a mi corazón diciéndome; “Dos esposos tienes, uno en el cielo y otro en la tierra.”  

*** Antes de partir del lugar vi a la mujer a quien la Pastora Mayra Castillo me había señalado en el almuerzo. Le pregunté que si era ella la del testimonio del feto. Me dijo; “Cada vez que Dios te pone en forma fetal es por que te esta cambiando de nivel. Un nuevo nacimiento”. Le conté brevemente lo del sueño y me dijo; “¡Tú eras! Estos días en el retiro sentía dolor en mis entrañas y era por ti”. Comenzó a profetizar sobre mi vientre diciéndome; “En ti hay multitudes”.   A través de ella Dios me dio instrucciones de que leyera Proverbios 18 y 19 completo y que diera siete (7) vueltas alrededor de mi cama. Como en Dios no hay casualidades, le conté que la semana anterior reorganizando mi habitación, por primera vez había puesto la cama en el medio del cuarto. 

***

Casi llegando a nuestro hogar Dios nos regaló un atardecer precioso, uno que jamás  había contemplado. Al lado izquierdo las nubes estaban pintadas de diferentes tonalidades de lila. Y al lado derecho se veía a lo lejos un lago de fuego con montañas y cascadas de fuego.  Fue impresionantemente hermoso. 

***

Preparé el cuarto. Le puse una sabana azul a la cama. Coloque la lámpara que me entregaron en el retiro sobre el tocador. Le pedí a Edward que se arrodillara en la sala a orar mientras yo oraba en el cuarto. Amarré el ramo de tres cintas, que Dios me entregó como pacto de mi boda con Él, a mi sortija de matrimonio.  Y mientras oraba vi en mi espíritu que las tres cintas del ramo se convertían en las tres cuerdas de oro de las que me habían hablado en Guatemala.  

Sentados en la cama leímos Proverbios 18 y 19 hasta terminar. Más me tocaron los versículos de Proverbios 18:20-22. Los repetí varias veces hasta que entendí lo que Dios me decía. Callé y esperé que mi esposo hablara. Cuando pensé que me hablaría de cosas románticas… Te Amo, Besos, Besos y que se yo, me comenzó a hablar de los propósitos de Dios para nuestro matrimonio y nuestros hijos. ¿Y ahora qué? pensé. Nos agarramos de las manos y empezamos a caminar y a declarar, uno al lado del otro… siete vueltas alrededor de la cama.  

Nos acostamos. Edward colocó la Biblia entre medio de ambos y me dijo con lágrimas en sus ojos, lágrimas que cayeron dentro de los míos; “Ante la Biblia, yo te acepto como mi esposa y prometo amarte, cuidarte y protegerte hasta el final de mis días”. Yo hice lo mismo. Créanme que esta boda fue mucho más preciosa que la primera. Me acerque a su oído y le dije; “Me amarás más que nunca pues hoy vas a hacerle el amor a la esposa de Dios”.  Fue un momento precioso, donde el placer quedó a un lado, para infundirnos con Dios.

Continuará…

Testimonio II Disponible desde 1 de enero de 2007

Creados para Expandir el Reino

El testimonio de un creyente nunca termina pues las bendiciones del Señor son nuevas cada mañana. No lees esto por casualidad. Dios te trajo hasta aquí para que creas en Él y seas testigo de lo que Él es capaz de hacer en la vida de los que creemos en su hijo Jesús. Declaro una palabra de bendición y transformación para tu vida.

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